Encuentro en Suesa

Encuentro en Suesa

Eres la vida que das, así nos introducían las Monjas de Suesa estos tres días invitándonos desde el inicio a encontrarnos con ese Dios que nos habita, que nos recuerda de manera especial estos días su amor a través de la fragilidad y la ternura de un niño. El encuentro tuvo lugar los días 26, 27 y 28 de Diciembre paralelo al Encuentro de Interioridad en Arcas Reales, Valladolid, que vivieron los alumnos de 2º de Bachillerato del Sector.

La experiencia estuvo marcada por los ritmos del silencio, del encuentro y de la oración. Con ello, nos sumábamos por un lado a las liturgias y celebraciones propias de la comunidad mediante la Palabra, el canto o la danza contemplativa, entendiendo y haciendo de la cotidianidad un ejercicio de consciencia y presencia poco común en nuestras sociedad cuando nos sumergimos en nuestros que-haceres diarios, el bombardeo continuo de imágenes, el predominio del mensaje corto y rápido. Por otro lado, tuvimos momentos formativos con claves de experiencia de vida y donde poder ahondar en la lectura del Evangelio, acompañados de tiempos más personales, propiciando ese encuentro íntimo con Él. En definitiva, ratos para Ser.

Guiados por “la novedad” se nos presentaron las figuras de Zacarías y de María, contrastando sus procesos de fe ante situaciones paralelas de llamadas de Dios, relatadas en el Evangelio de Lucas. Asimismo, y de manera más detallada nos presentaron 6 experiencias fundantes de María desde el contexto de la Navidad, para leer nuestra vida a la luz de la suya presentando situaciones de agradecimiento, inceridumbre o discernimiento.

Para ir aprendiendo a educar nuestra mirada, perfectamente entrenada para juzgar, terminábamos estos días con tres momentos. Primero por parejas, mirarse a los ojos: acogiendo su vida, conociéndole y comunicándole e, incluso dejándonos desafiar por la mirada del otro, porque como dicen “la mirada es el espejo del alma”. Un segundo momento, la contemplación a la naturaleza, en búsqueda de esos pequeños detalles que dotan a cada elemento y los hace únicos, a la vez que permite la enorme diversidad. Y, finalmente, la explicación de la vidriera que preside el lugar de encuentro en las celebraciones, que no fue si no claves para “mirar” y orar a través de la iconografía.

Ahora, ya en nuestro lugares de origen, toca seguir contagiando esa Vida que somos.

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Ana Illera editor

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